Un sueño aplazado:

How San Francisco schools leave behind the most vulnerable students

Juana Laura Chavero

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Como nueva inmigrante en Estados Unidos, Juana Laura Chavero entendió rápidamente que iba a tener que trabajar duro para que sus hijos recibieran la educación que se merecen. Los obstáculos no eran sólo ingresos y oportunidades, sino las bajas expectativas.

“La gente dice que hay muchos padres a los que no les interesa la educación de sus hijos, pero la verdad es que hay muchos padres o padres solteros que no pueden dejar uno de sus trabajos para hacer todo lo que hay que hacer para defenderse en el sistema” –Juana Laura Chavero

Cuando Juana Laura se mudó a San Francisco desde México, inscribió a su hija en Washington High School y a sus hijos en Mission High School.

Desde el comienzo las cosas no salieron bien para su hija, Viviana. La escuela la ubicó en las clases equivocadas y le dieron los libros equivocados. Cuando Juana trató de hablar con alguien en la escuela que pudiera corregir la situación, la escuela no respondió.

“La consejera de Viviana no quiso darme una cita. Me dijo que no había nadie en la escuela que me pudiera ayudar en español”. Cuando Juana Laura finalmente obtuvo una cita con la consejera, le dieron sólo cinco minutos.

En lugar de asignarle nuevas clases, la escuela sacó a Viviana de la mayoría de sus clases dejándola en sólo dos clases. Pero como tenía que estar en la escuela todo el día, entonces le asignaron la responsabilidad de escribir los permisos para que otros estudiantes pudieran salir de sus clases. Al año siguiente la registraron en un grado académico inferior. Al final, Viviana logró graduarse dos años más tarde.

Cuando los hijos más chicos de Juana Laura –Heddel y Alexis—empezaron en Mission High School, también tuvieron problemas. Primero, los ubicaron a los dos en el mismo grado –aunque tienen dos años de diferencia.

“Pregunté en la escuela y el distrito, pero nunca nadie pudo explicarme por qué los habían puesto en el mismo grado”.

A principios del año escolar, Juana Laura también notó que Henddel estaba repitiendo el mismo trabajo que ya había hecho en México. Le preocupó que esto lo retrasarse aún más respecto a sus compañeros. Trató de contactarse con la consejera de la escuela para hablar del tema, sin suerte. Le llevó tres semanas para que le cambiaran de clases.

Al año siguiente, la escuela de nuevo le dio a Henddel clases que ya había tomado.

“Yo sé que hay muchos niños que no pueden ir a la universidad por un error como éste de parte de la escuela”, dice Juana Laura. “No pueden completar los requisitos A-G”.

En su caso, Juana Laura terminó descubriendo el verdadero problema: la consejera de la escuela no esperaba que sus hijos fueran a la universidad.

“Cuando mis hijos habían estado aquí por sólo un mes, no querían hablar mucho en inglés” dijo Juana Laura. La consejera inmediatamente determinó que por esto ellos debían tratar de ir a colegios comunitarios. Esto dijo frente a los chicos.

Después de la reunión con la consejera, Henddel preguntó, “Mamá, ¿escuchaste lo que dijo?”.

Juana Laura le dijo, “Le demostraremos que somos capaces. No será ni hoy ni mañana. Será el día que le muestres tu carta de aceptación a una universidad”.

Juana Laura nunca dejó de defender y trabajar por sus hijos. Formó una red de apoyo con un tutor independiente y el personal de College Connect, un programa familiar para lograr el acceso y éxito en la universidad. Juana Laura tenía dos trabajos, y el tiempo necesario para ayudar a sus hijos y navegar el complicado proceso de admisión a la universidad era abrumador. Juana Laura dejó su trabajo de la mañana en Starbucks y siguió trabajando como portera a la noche.

“Tuve suerte de poder dejar ese trabajo y dedicar tiempo a esto. La gente dice que hay muchos padres a los que no les interesa la educación de sus hijos, pero la verdad es que hay muchos padres o padres solteros que no pueden dejar uno de sus trabajos para hacer todo lo que hay que hacer para defenderse en el sistema”.

Gracias a su continuo trabajo y defensa, sus hijos finalmente completaron los cursos requeridos para ir a la Universidad, presentaron solicitudes para por lo menos seis becas por semana para pagar la universidad, y se graduaron a tiempo. En el otoño de 2018, Henddel empezará en San Francisco State y Alexi irá a UC Merced.

“Mis hijos se graduaron en 2017 y pueden ir a la universidad porque exigimos los materiales y las clases apropiadas. Yo creo que el distrito debe reevaluar completamente su enfoque. Y nosotros, como padres, si vemos que una escuela no es lo que queremos para nuestros hijos, no debemos simplemente aceptarla”.

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