Un sueño aplazado:

Cómo las escuelas de San Francisco abandonan a los estudiantes más vulnerables

Norma and Faustino Valenzuela

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Los tres hijos de Norma y Faustino Valenzuela fueron a escuelas de SFUSD, pero cuando su hijo se atrasó dos años, cambiaron de escuela.

“Hay una diferencia enorme – de una escuela a otra. No es culpa de los maestros. Es culpa del sistema”. – Norma Valenzuela

Norma y su esposo, Faustino Valenzuela, han estado criando a sus tres hijos en el barrio de Bayview desde que se mudaron de México hace 20 años.

Cuando su hija mayor, Ivonne (ahora 24 años) empezó kínder, simplemente la mandaron a la escuela de distrito más cercana, Taylor Elementary.

“En el momento era una buena escuela”, dijo Norma. “Había mucho apoyo, estaba en buen estado y tenía maestros dedicados”.
Hicieron lo mismo con su hijo, César, que ahora va a Lowell High School.

Pero las cosas no han sido muy buenas para su hijo menor, Diego, que fue a Flynn Elementary desde kínder hasta 5° grado. Si bien sus hijos mayores se beneficiaron de un pre-kinder y de los programas gratuitos de tutoría, cuando fue a inscribir a Diego, le dijeron que por los ingresos de su familia, ya no calificaba.

“Esos programas ayudan mucho. Mi hijo no tenía el apoyo para aprender a leer. Tenemos un salario bajo y trabajos múltiples”, dijo Norma, que trabaja en un restaurante mexicano en el distrito Mission. “Contamos con la escuela para que provea una educación.”

Las clases en Flynn eran grandes – 30 estudiantes generalmente.

“El maestro ya no podía manejar tantos estudiantes”, dijo Norma. “Las escuelas han bajado mucho porque los maestros no tienen apoyo. Los maestros cambian mucho. Un maestro viene, ve las condiciones, está ahí por sólo un año y se va. Eso le genera demasiado trabajo al director, quien termina con mucho estrés y cansancio”.

A Diego parecía irle bien al principio, pero en 2° grado empezó a retrasarse.

El primer director se fue, y Norma dice que eso también afectó la escuela.

“Los nuevos maestros sólo quieren un año aquí, y después envían solicitudes para ir a otro lugar. El salario es muy bajo para ellos. Tienen un traslado de 30 minutos todos los días o una hora en el tren. Veo el estrés”.

Los dos Valenzuelas eran activos en la escuela, con Faustino participando del consejo de padres. Para asegurarse de que Diego estuviera recibiendo ayuda, Norma empezó a ir a sus clases.

“Fui al salón de clase y el maestro ayudó. Conmigo en el salón, prestan más atención. Traté de hacer todo por mi hijo. Sé que es inteligente”, dijo. “Pero no puedo sentarme ahí todos los días para asegurarme de que mi hijo recibe lo que necesita”.

Norma empezó a buscar lugar en otras escuelas, pero todas estaban llenas. A través de otros padres, oyó hablar de KIPP Bayview Academy Charter School y fue a visitar la escuela. Le gustó lo que vio. Después fue sola, sin anunciarse, y la escuela le siguió gustando. Entonces lo inscribió, y Diego empezó ahí en enero de 2017.

Después de unos pocos días, la primera reacción de Diego fue: “¡Es un montón de tarea!”

“Pero la hizo. Estaba entusiasmado haciendo su tarea hasta las 10 de la noche”, dijo Norma. “En febrero ya estaba más avanzado”.

“Hay una diferencia enorme – de una escuela a otra. No es culpa de los maestros. Es culpa del sistema”.

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